Cómo se conquistaba un castillo medieval

Desde derribar los muros del castillo, sitiar y matar de hambre a los defensores e incluso asestar golpes psicológicos lanzando cabezas y cadáveres propagando al mismo tiempo enfermedades, las tácticas utilizadas en la Edad Media requerían determinación, con el paso de los siglos los ingenieros fueron desarrollando nuevas armas especializadas para tales fines.

En el medievo los castillos representaban el centro de poder de reyes, nobles y caballeros, pero tomar estas fortalezas no era una tarea fácil. Para tener éxito se requería una estrategia tenaz. Para poder presentarse a las puertas de un castillo, primero debían ocupar los territorios circundantes, se requería una fuerza cuya mera presencia ante la vista de los defensores infundiera terror.

Era común intentar entablar una negociación, en la mayoría de ocasiones la diplomacia fracasaba, reunir un ejército requería inversión y las condiciones demandadas por el defensor para una rendición no solían sufragar tales gastos para el atacante. El siguiente paso es cortar las lineas de suministro del castillo y saquear el territorio, salvo que a los defensores del castillo les diera por cambiar de opinión, el asedio había comenzado.

El castillo debía estar bien aprovisionado de víveres y armas, listo para lo que estaba por llegar, debemos tener en cuenta que en la Edad Media un castillo bien defendido y en condiciones tenía las de ganar. Existían muchos modos de derribar los muros, un asalto con escaleras tenía todos los números para fracasar, por eso se recurría a las máquinas de asedio.

Torres de madera tan altas como los muros eran construidas o montadas «in situ», junto con arietes y catapultas. Para ello se necesitaba estar dotado de un gran contingente de ingenieros, herreros y carpinteros especializados. Las tropas eran las encargadas de proporcionar el hierro, la madera y las provisiones necesarias para preparar el asalto, tarea complicada ya que los defensores solían aplicar la táctica de tierra quemada para dejar lo mínimo al invasor.

Un castillo podía ser asaltado desde todas las direcciones, el campamento se levantaba en una zona segura donde se preparaba la estrategia. Contemplar los altas murallas del castillo para el atacante no debía ser alentador, tenían una imponente perspectiva. Debían prepararse para la lluvia de flechas y piedras, todo acompañado de vertidos de aceite y alquitrán hirviendo.

Las máquinas de asedio

Para conseguir un asedio con éxito en la Edad Media no se debía escatimar en gastos, construir la maquinaria de asedio requería de una gran inversión ya que de acabar en fracaso se podía llegar a una insostenible situación de vulnerabilidad. La maquinaria era preferible construirla «in situ» para poder adaptarla a las condiciones del terreno y del castillo.

Los castillos solían ser construidos previendo un asedio, por lo que se construían en terrenos elevados y los rodeaban con fosos. Para lanzar un buen ataque se debían combinar adecuadamente las diferentes máquinas de asedio. Las torres de asedio se utilizaban para absorber las lluvias de flechas y mantener a los defensores a raya. Por otro lado las catapultas y arietes debían embestir los muros y puertas de la fortaleza para causar múltiples daños, buscando siempre el punto más débil.

Una táctica que evitaba la pérdida de tiempo era una que por ejemplo los mongoles de Gengis Kan supieron utilizar muy bien. Lanzar cabezas y cuerpos desmembrados en ocasiones minaba por completo la moral de los defensores que terminaban por abrir sus puertas suplicando clemencia. Pero las fortalezas que se encontraban las tropas de Gengis Kan no eran ni por asomo las que abundaban en Europa, por lo que esta táctica no atemorizaba en exceso a los defensores.

Los ataques debían ser continuos y por todos los costados posibles, evitando las interrupciones que solo ayudaban a los defensores que aprovechaban para reparar los daños sufridos. El aislamiento del castillo con el exterior debía ser total, en el momento en el que el asedio se prolongue en el tiempo y los víveres comiencen a escasear intentarán por todos los medios el modo de salir al exterior para aprovisionarse, antes de que la hambruna haga su demoledor trabajo.

Otro recurso que se empleaba cuando el asedio se prolongaba y el terreno lo permitía era recurrir a la creación de túneles para penetrar en el interior. Los espías también tuvieron una importante labor, penetrar en el castillo antes de un asedio para recopilar información era de suma importancia. Como por ejemplo el general Subotai que era la mano derecha de Gengis Kan, desarrolló una red de espías por todos las fortalezas y territorios que planeaba atacar, buscaban debilidades en los muros, cuantos soldados la defendían y de cuantas provisiones disponían entre muchos otros datos.

La disposición de las murallas del castillo

Las murallas de los castillos estaban repletas de medidas contra los asedios. Las aspilleras eran unas estrechas y profundas ventanas que permitían disparar flechas con seguridad, era muy difícil que una flecha penetrase desde el exterior. En las torres y garitas se guarnecían las tropas. La torre barbacana se encontraba en la entrada y sostenía la puerta o puente levadizo, a priori podía parecer el punto más débil pero aprendieron a reforzar debidamente esta parte.

Las puertas de madera eran atacadas con fuego y arietes, las barbacanas disponían de orificios encima de la puerta por el que podían verter agua para apagar el fuego o aceite y alquitrán hirviendo para verterlo sobre los arietes, además sus muros estaban más reforzados que el resto de murallas. Si los muros o la puerta se venían abajo los defensores tenían un último recurso, la llamada torre del homenaje, torre de gruesas paredes sin apenas ventanas, era el lugar donde se solía refugiar el señor del castillo durante el asedio. Su función era ser un lugar impenetrable al que se recurría para ganar tiempo y esperar ayuda de tropas del exterior.

Cuando el castillo es tomado

Después de la derrota a los defensores solo les quedaba solicitar un tratado si su situación lo permitía, pero si el atacante quería dar ejemplo a otras fortalezas próximas que también iban a ser atacadas mediante un escarmiento, solo quedaba pedir clemencia. Una matanza era un método muy popular para poner fin a un asedio, Tamerlán en Persia, Ricardo Corazón de León en las cruzadas, Gengis Kan en Asia e incluso Guillermo el Conquistador en Europa emplearon este cruel método.

El libre saqueo también era muy común, era un modo de premiar a las tropas, las violaciones y asesinatos impunes eran muy valorados. A los más afortunados se les podía permitir vivir como esclavos, se les utilizaba para transportar el material y botín obtenido durante el tiempo que durase la campaña, después serían vendidos para conseguir mayor rendimiento. Si el asedio se encontraba dentro de un contexto de invasión territorial era común reforzarlo para utilizarlo en su favor, se ponía al cargo a un nuevo señor que se encargaría de defenderlo

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