Saladino, guardián del Islam y azote de los Estados Cruzados

Preludio de la reconquista de Jerusalén

Desde la cima del Monte de los Cuernos de Hattin en 4 de julio de 1187, Guido de Lusignan, rey de Jerusalén y comandante del ejército cruzado, trata de reorganizar a las escasas tropas y caballeros que todavía se mantienen con vida. El objetivo es lanzar una última carga, suicida y desesperada. Las tropas de Guido se protegen como pueden con sus escudos de las flechas musulmanas que ocultan la luz del sol. Los gritos y lamentos de los heridos se suceden mientras los cristianos intentan mantener la formación.

Raimundo de Trípoli ordenó la carga final, el objetivo era capturar el estandarte de Saladino, el águila amarillo. Las lineas ayubíes se abrieron, permitiendo el paso de unos 500 cruzados para luego cerrarse y dividirlos. Los cristianos se estrellaron contra las comprimidas lineas musulmanas, las lanzas se rompieron tras el primer impacto, desenvainaron sus espadas y hachas tratando de abrirse paso desesperadamente encabezados por Raimundo.

A golpe de mandoble se abrió una brecha, el estandarte estaba a la vista, al fondo se distinguía la silueta de Al-Nāsir Salāh ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, llamado por los cristianos Saladino. Pero para llegar a este decisivo momento, Saladino que tenía entonces 49 años tuvo que recorrer un largo camino que le llevó toda su vida.

El ascenso de Saladino

Los primeros pasos de su escalada comenzaron en el año 1164, cuando Nur al-Din gobernante de la provincia siria del Imperio selyúcida, envió al joven oficial Saladino junto a su tío, el general kurdo Sirkuh a Egipto. El objetivo era restaurar en el poder al visir Shawar, ya que Dirgham le había derrocado y buscaba una alianza con el rey de Jerusalén Almarico I.

Una vez repuesto Shawar como visir, traicionó a Nur al-Din y expulsó a Sirkuh, aliándose con Almarico I. Se sucedieron más campañas para derrocar a Shawar, Sirkuh insistió una y otra vez, Egipto no podía caer en manos cristianas y Saladino se convirtió en su mano derecha. En 1169 Sirkuh logró su objetivo y se convirtió en visir de Egipto.

Estados cruzados en el años 1120

Dos meses después, Sirkuh murió por causas naturales y Saladino le sucedió y se convirtió en consejero de al-Adid Califa fatimí que gobernaba Egipto, de la rama chií, al contrario que Saladino que por entonces era conocido como Yusuf; no adoptó el nombre de Salah Al-Din hasta que fue nombrado sultán de Siria. En 1171 al-Adid murió y Saladino se convirtió en sultán de Egipto, fundando así la dinastía ayubí.

Como sultán de Egipto expandió sus territorios y conquistó Arabia. En 1174 Nur al-Din murió dejando el poder en su hijo Sayf al-Din Ghazi, su heredero solo contaba con 12 años. Sayf intentó asesinar en dos ocasiones a Saladino encargando su muerte a la secta de los «hashshashin», pero fracasaron en sus intentos. El conflicto con la dinastía zenguída comenzó, pero para el Califato abasí, Saladino era el hombre fuerte que necesitaban para protegerse de una posible invasión de los cristianos.

Imperio Ayabí de Saladino

En 1174 entró en Damasco y fue nombrado sultán de Siria, pero no fue hasta 1183 que pudo consolidar su poder al derrotar definitivamente a los zenguídes, de esta forma pudo centrar toda su atención en la reconquista de Palestina. Los musulmanes ya tenían el líder que les unía en tan sagrada causa «La Yihad».

Reinaldo de Chatillon provoca la guerra contra Saladino

En 1177 inició una campaña contra el Reino de Jerusalén, pero la dura resistencia del rey Balduino IV «el leproso» que le venció en la «Batalla de Montgisard», le hizo pactar una tregua y retirarse. En dicha tregua se pactó la libre circulación de caravanas y peregrinos por la región, hasta que en 1186 Reinaldo de Chatillon, caballero y príncipe del Reino Cruzado de Antioquía decidió romper la tregua asaltando una caravana musulmana que viajaba desde El Cairo a Damasco a través del Reino de Jerusalén.

Saqueó y mató a muchos de sus integrantes, al resto los tomó como prisioneros. El magnánimo Saladino exigió que los prisioneros fueran liberados, se les devolvieran las pertenencias y se pagara una compensación. Reinaldo de Chatillon se negó, se excusó ante el rey Guido de lusignan cuando fue reprendido por su acción aludiendo que él no había firmado ninguna paz con los musulmanes y Guido de Lusignan lo consintió.

Fue la excusa ideal para que Saladino emprendiera una nueva campaña contra el Reino de Jerusalén, reunió un ejército de 30,000 hombres, la mitad jinetes. Cruzaron el río Jordán a finales de junio de 1187 acampando en Kafr Sabt, el rey Guido de Jerusalén reunió a 15,000 infantes, 2,500 caballeros y 4,000 turcopolos (guerreros y mercenarios locales convertidos al cristianismo).

La Batalla de los Cuernos de Hattin

La flor y nata de la orden de Los Templarios, la orden de San Lázaro y Los Caballeros Hospitalarios, formaban parte, se concentraron en Séforis a 30 Km de las tropas de Saladino. Portaban como estandarte la reliquia de la «Vera Cruz», el príncipe Raimundo II de Trípoli encabezaba la expedición cristiana.

Guido de Lusignan

Saladino planeó un señuelo para atraer a los cruzados al escenario elegido por él, encabezó un destacamento para asediar la población de Tiberíades. Las noticias llegaron al rey Guido que ordenó una apresurada marcha para auxiliar a la ciudad y sorprenderles por la retaguardia, había mordido el anzuelo. Los musulmanes comenzaron a acecharles realizando ataques esporádicos con jinetes arqueros para debilitarles y guiarles por un camino escaso de agua, después de esa primera agotadora jornada acamparon en Maskana, sin suministros de agua para tropas ni caballos.

Al amanecer emprendieron la marcha rumbo a la población de Hattin donde había pozos de agua para reabastecerse, Saladino no podía permitir que alcanzaran su objetivo así que continuó acechando con escaramuzas y matando principalmente a los caballos, los cruzados buscaron una posición estratégica que les fuera favorable en la cima del monte de los Cuernos de Hattin, pero se encontraron con una encerrona, toparon con un barranco.

A los cristianos solo les quedaba una opción, intentar mantener la formación y organizar un contraataque directo hacia la posición de Saladino, Raimundo de Trípoli dio la orden de ataque, llegaron a abrirse paso pero cuando parecía que iban a alcanzar su objetivo, Saladino ordenó la carga de la caballería musulmana y los masacró. El rey Guido junto a Reinaldo se refugió para proteger la Vera Cruz junto con un grupo de caballeros en la tienda real, finalmente ordenó la rendición, Guido y Reinaldo de Chatillon comparecieron ante Saladino.

El asedio de Jerusalén

Guido fue arrestado en espera de decidir que hacia con él y a Reinaldo de Chatillon lo decapitó personalmente. Después ejecutó a 200 caballeros más que se habían rendido, solo 3,000 soldados del ejército que se enfrentaron a Saladino lograron huir de la matanza. Saladino continuó su marcha tomando todas las ciudades que pudo a su paso, pero estaba impaciente por llegar a Jerusalén, el asedio de Tiro le llevó demasiado tiempo y abandonó, esto le hizo omitir el asedio de Acre, en ese momento bien defendido.

El 20 de septiembre Saladino se presentó a las puertas de Jerusalén, Balián de Ibelín sería el encargado de proteger la ciudad santa, en la ciudad había 60,000 personas, muchas de ellas habían llegado buscando refugio, tenía escasez de soldados y la moral baja, así que ordenó caballeros a 5,000 hombres con la intención de alentarles.

En esta ocasión Saladino estaba dispuesto a llegar hasta el final, juró no marcharse hasta haber conquistado la ciudad. El asedio le costó más de lo que suponía, hasta que el noveno día gracias a sus catapultas y a sus zapadores, logró debilitar las murallas cerca de la Puerta de Herodes, las tropas de Saladino penetraron en la ciudad y lucharon hasta que los cristianos finalmente se rindieron pidiendo clemencia.

Los habitantes temían la venganza de Saladino por la matanza sucedida en 1099 cuando los cruzados aniquilaron a toda la población de Jerusalén, 40,000 personas nada menos. Para sorpresa de todos, Saladino concedió 90 días para que abandonaran la ciudad pero a cambio debía recibir diez piezas de oro por hombre, cinco por cada mujer y una por cada niño. No todos pudieron pagar, Bailán de Ibelín puso todo de lo que disponía, 30,000 piezas que cubrieron la salida de 7,000 personas más, 10,000 personas pasarían su vida como esclavos al no poder pagar su liberación.

El 2 de octubre Saladino entró en la ciudad, ordenó que la mezquita de Al-Aqsa profanada por los cristianos fuera restaurada a su estado original, se utilizaría mármol, mosaicos y azulejos dorados. Después de recuperar la Ciudad Santa se dirigió hasta Acre para también conquistarla.

Ricardo I Corazón de León, un rival a la altura de Saladino

En 1188 Guido de Luisignan fue liberado con la promesa de que jamás levantaría su espada contra los musulmanes, promesa que no cumplió. En 1189 se declaró la Tercera Cruzada encabezada por un rival a la altura de Saladino, Ricardo I de Inglaterra que durante la campaña se ganaría el apodo de «Ricardo Corazón de León».

Completó la toma de Acre que había comenzado Guido de Lusignan, pero no pudo hacer lo mismo con Jerusalén, Ricardo I venció sorprendente con un ejército inferior en número pero muy disciplinado en la Batalla de Arsuf en 1192. Más sorprendente quizás fue su decisión de no marchar contra Jerusalén, es probable que no se viese capaz de sostener un asedio.

Tras esto ambos bandos tomaron conciencia de lo costosa que era esta campaña, así que se acordó que Jerusalén permanecería en manos musulmanas, pero que se permitiría el libre tránsito de peregrinos cristianos a la Ciudad Santa. Ricardo I Corazón de León partió hacia su patria, pero con la promesa de regresar con un ejército más preparado y conquistar Jerusalén, nunca llegaría a cumplirla. En 1193 murió Saladino por unas fiebres y fue enterrado en el exterior de la Mezquita Omeya de Damasco, convirtiéndose en héroe y símbolo para los musulmanes, uno de los mejores generales de la Edad Media.

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