Belisario, el general que pudo reunificar el antiguo Imperio Romano

Uno de los mejores generales de la historia

La historia en ocasiones no sitúa a personajes ilustres en el lugar que le corresponde. A diferencia de otros grandes comandantes de la Edad Media o de la Antiguedad tardía como fueron Guillermo el Conquistador, Tamerlán, Gengis Kan o Saladino, Belisario permaneció mucho tiempo en el olvido, a pesar de haber sido uno de los generales más brillantes que ha conocido la historia, tal y como indicamos en nuestro artículo «Los 10 mejores generales de la Edad Media ¿Quién fue el mejor?». Comandó los ejércitos del Imperio Bizantino y con escasos recursos marcó la senda para reunificar el antiguo Imperio Romano.

Mosaico de Flavio Belisario

Este sueño se vio truncado por la incapacidad del Imperio Bizantino de expandirse  y por su celoso emperador Justiniano. Su legado no logró sostenerse demasiado tiempo, los sucesivos emperadores bizantinos no fueron capaces de continuar la expansión y mucho menos de mantener los territorios conquistados durante ese periodo.

Belisario nació entre el año 500 y 505 en algún lugar de Tracia, durante el comienzo de los años oscuros. Periodo convulso de la historia tras la desaparición del Imperio Romano de Occidente en 476. La vida de Flavio Belisario transcurrió ligada a la de Flavius Petrus Sabbatius, sobrino y consejero del emperador Justino I, que en vida cedió el trono a Flavius Petrus en el año 527, el cual sería conocido como Justiniano, el emperador Justino I moriría cuatro meses después por su delicada salud.

Como inciso indicar que el Imperio Bizantino fue una prolongación del Imperio Romano Oriental. No se llamaban a si mismos bizantinos, sino romanos. No fue hasta el siglo XVI y gracias al historiador alemán Hieronymus Wolf y su obra «Corpus Historiae Byzantinae», que este periodo pasó a llamarse del Imperio Bizantino, debido a que Bizancio era el antiguo nombre de su capital Constantinopla. Se trataba de diferenciar tan largo periodo del antiguo Imperio Romano.

Sus comienzos, la campaña del Danubio en 520

Pero la carrera del joven Belisario comenzó mucho antes, con 18 años demostró ser un excelente oficial. Le consideraban un joven con un gran sentido del honor, leal y valeroso, virtudes que contribuyeron a su rápida promoción. Se ganó la confianza de Justino I que le permitió encabezar una campaña al norte del Danubio, dirigiendo una compañía de caballería bien adiestrada por el mismo. Sus jinetes estaban dotados de una lanza, un arco bastante rígido y potente, un pequeño escudo equipado con seis dardos y una espada larga.

Montar a caballo con todo este equipamiento requería meses de preparación y gran habilidad para dirigir el caballo sin riendas. La equipación se completaba con una cota de malla, que cubría desde el muslo hasta el yelmo, con tan solo dos orificios para los ojos, botas de cuero altas y el yelmo. Belisario exigía a sus oficiales ser tan habilidoso o más con las armas que el mejor de sus soldados.

Otra particularidad que exigía a sus hombres es que debían estar acostumbrados a comer carroña y a beber agua estancada, factores con los que sin duda se encontrarían durante una campaña militar. La campaña tenía como objetivo reprimir las continuas incursiones de saqueo que realizaban los gépidos al norte del Danubio. Para tal operación dispuso tan solo de 200 jinetes, la táctica a seguir consistía en no entablar combate directo, sus jinetes debían abatir los caballos enemigos con sus arcos evitando que se le acercaran con sus hachas y jabalinas, hasta minar su moral y capturar un buen número de prisioneros. Muchos de estos pasarían a formar parte de este escuadrón de élite llamado «Regimiento personal de Belisario».

En el siguiente verano se inició una nueva campaña de castigo pero en esta ocasión contra los hunos de Bulgaria, el escuadrón de Belisario estaba formado por 600 jinetes. Belisario y su escuadrón hicieron retroceder a los hunos quemando sus poblados, al mismo tiempo incrementaba su guardia personal con los guerreros capturados. La campaña fue un éxito y a su regreso fue ascendido a Supervisor general de instrucción.

Los siguientes cuatro años los pasó supervisando la preparación de las tropas, elaborando informes para el emperador, en los cuales indicaba las deficiencias que observaba. Hizo hincapié en erradicar la corrupción endémica que practicaban algunos generales, lo que le llevó a ganarse muchos enemigos pero también un nuevo circulo de amistades.

El ascenso de Justiniano

En el 527 Justiniano se coronó emperador, preparó nuevas campañas militares e inició importantes construcciones con el objetivo de recuperar el esplendor del antiguo Imperio Romano. Justiniano era conocedor de la capacidad de Flavio Belisario, por lo que inmediatamente le ascendió a comandante en jefe del ejército de oriente, con la intención de que protegiera las fronteras del imperio acechadas por el terrible Imperio Sasánida, con el que mantenía una guerra conocida como “Guerra de Iberia”, región de Armenia en disputa.

La guerra contra el Imperio Sasánida

Después de una serie de derrotas, Belisario decidió tomar la iniciativa, se hizo fuerte en la ciudad de Dara, en el norte de Siria, esperando el momento de hacer frente a los sasánidas con unas tropas improvisadas y mal preparadas de 25,000 hombres. Por fin llegó el gran día, 50,000 sasánidas se presentaron en Dara, Belisario hizo formar a sus tropas y salió a hacer frente en la que fue conocida como «Batalla de Dara».

Los sasánidas se presentaron con un ejército invencible hasta el momento, pero que sufrió una dura derrota frente a las tropas bizantinas de Belisario. Esta derrota obligó a retirarse a los sasánidas, ambos ejércitos se dieron una tregua de un año. Se volvieron a enfrentar en la «Batalla de Calinico» en abril de 531, los sasánidas esperaban refuerzos de tropas árabes para organizar un nuevo ataque contra la ciudad de Dara. Belisario optó por adelantarse a la jugada y salir en busca de su enemigo que se encontraba en la ciudad de Calinico.

La Batalla de Calinico tuvo unas consecuencias muy sangrientas, sobre todo para los sasánidas a pesar de vencer. Con las fuerzas igualadas entre ambos bandos, la superioridad de la caballería sasánida declinó la balanza. Las tropas de Belisario quedaron arrinconadas con el río Éufrates a sus espaldas, el propio Belisario se vio obligado a luchar cuerpo a cuerpo. Realizaron una resistencia heróica y sus tropas lograron encontrar refugio en una isla del río, antes del amanecer fueron rescatados por embarcaciones logrando huir.

Los sasánidas quedaron muy diezmados tras esta batalla, no supieron aprovechar la victoria, las excesivas bajas y su dificultad para reponerse no les permitió ganar terreno, no era el caso de los bizantinos, que gracias a la disciplinada organización implantada por Belisario lograron mantener sus posiciones. Esta derrota nunca fue considerada deshonrosa por los bizantinos.

Justiniano ansiaba expandir el imperio hacia occidente y el frente oriental era un pesado lastre. Esto le hizo pactar con los sasánidas la llamada «paz eterna» en 532, en la que los bizantinos pagarían un tributo a cambio de que cesaran las hostilidades entre ambos imperios. Calmada la situación en oriente, Justiniano hizo regresar a Belisario para preparar una nueva campaña contra los vándalos afincados en Cartago, pero a su regreso se produjo una revuelta social que a punto estuvo de derrocar a Justiniano.

La revuelta de Niká

La subida de impuestos para sufragar los tributos y campañas de oriente, dieron origen a la conocida «Revuelta de Niká» en 532. A esta revuelta se le añadió un componente teológico debido al auge del monofisismo, doctrina que dividía al cristianismo. Todo comenzó con una trifulca en el hipódromo de Constantinopla, los rebeldes llegaron incluso a nombrar un nuevo emperador llamado Hipatio.

Justiniano fue persuadido para no huir, finalmente Belisario tomó cartas en el asunto junto a Narsés, noble, cortesano y también destacado general de Justiniano. Fingieron una negociación con los rebeldes y los reunieron en el hipódromo, rodearon y mataron a cerca de 30,000 personas que formaban parte de la rebelión siendo completamente aplastada.

La Guerra contra los vándalos 533-534

Como premio por haber sofocado la Revuelta de Niká, Belisario fue designado como general para encabezar la invasión de Cartago, ocupado por el pueblo germánico de los vándalos desde el año 429. La invasión tenía principalmente un motivo económico pero también religioso. Por aquel entonces Cartago era una tierra fértil y prolífica en el cultivo de cereales, pero el reino de los vándalos también controlaba las islas de Córcega, Cerdeña y Las Baleares, por lo que el comercio en la zona estaba vetado para los bizantinos.

Los vándalos practicaban el arrianismo y perseguían a los cristianos, este fue un factor añadido para justificar la invasión. Belisario desembarcó a 200 Km al este de Cartago en un lugar llamado Capadia, 10,000 infantes y 5,000 jinetes le acompañaban en esta campaña contra el rey Gelimer.

A partir de aquí continuaron por la costa hasta una llanura conocida como Ad Decimum, donde Gelimer y sus tropas se toparon con los bizantinos en el 13 de septiembre de 533, dando lugar a la conocida como «Batalla de Ad Decimum». Las tropas de Gelimer estaban conformadas por 12,000 infantes y 2,000 jinetes. Tras el primer choque entre ambas fuerzas los vándalos se vieron superados y se batieron en retirada, pero la oportuna intervención de Gelimer al frente de la caballería rompió las lineas bizantinas superando a su caballería, este contraataque hizo declinar la balanza, pero sucedió un hecho inesperado.

Ammatas el hermano de Gelimer murió en combate, por lo que se solicitó una tregua para enterrarle en el mismo campo de batalla. Gelimer quedó consternado e incapaz de seguir dirigiendo a sus tropas. El astuto Belisario reorganizó a sus tropas y lanzó un cruento ataque consiguiendo la victoria. Poco después llegó a Cartago donde fue recibido con festejos por la población. Gelimer logró escapar con buena parte de su ejército, no tardó en reorganizarse conformando un ejército de 50,000 hombres, 30,000 de los cuales eran jinetes.

Guerrero vándalo

Gelimer en secreto trató de comprar los mercenarios hunos del ejército de Belisario. Al descubrirlo Belisario no quiso esperar a que pudiera suceder, al mando de 5,000 hombres y por sorpresa, atacó a los vándalos acampados en Tricamerón dando lugar a la llamada «Batalla de Tricamerón». Gelimer se quedó estupefacto, pensó que una fuerza superior les atacaba y optó por huir, su ejército contemplando la cobardía de su rey decidió rendirse. Durante el cacheo del campamento encontraron un tesoro de una magnitud pocas veces vista.

Gelimer trató de huir con un barco repleto de tesoros, pero el barco fue capturado antes de que pudiera partir con destino al reino visigodo de Hispania. Gelimer volvió a huir y se refugió junto a su familia. Mientras tanto Belisario envió emisarios a Córcega, Cerdeña y Baleares, haciéndoles saber que Cartago había caído y ahora pertenecían al Imperio Bizantino, se sometieron de inmediato. Finalmente Gelimer se entregó, en otros tiempos hubiese sido exhibido en un paseo triunfal y posiblemente sacrificado, pero eran otros tiempos y Belisario era un hombre de honor. A Gelimer se le otorgaron tierras y propiedades en Galata, lugar donde permaneció junto a su familia hasta el día de su muerte.

En cuanto al resto de prisioneros vándalos, los mejores guerreros pasaron a formar parte del ejército personal de Belisario, otros fueron enviados a la frontera de oriente y otros pasaron a convertirse en esclavos construyendo iglesias por todo Cartago, los menos afortunados serían remeros en las galeras imperiales. Belisario regresó a Constantinopla, entregó el flamante botín obtenido y se inclinó ante Justiniano sin recibir felicitación alguna, Justiniano daba así muestras de sus celos a un general que ya era más popular que él, por sus méritos fue nombrado cónsul.

La campaña de Italia 535-541

En el año 535 a Belisario se le encargó una nueva misión, invadir el reino de los ostrogodos de Italia, gobernado por el rey Teodato practicante del arrianismo. Belisario desembarcó en Catania(Sicilia) con tan solo 12,000 hombres, sin encontrar resistencia, las ciudades en Sicilia abrían sus puertas a su paso, recibiéndole como un libertador, ya era considerado un héroe legendario. Continuó de igual manera por el sur de Italia hasta llegar a Neápolis(Nápoles), donde 15,000 guerreros godos les esperaban tras sus murallas.

El asedio de Neápolis

En el año 536, Belisario se dispuso a asediar una ciudad preparada para resistir un largo asedio, bien aprovisionada, con multitud de pozos de agua y murallas bien guarnecidas. Era de vital importancia capturar la ciudad en el menor tiempo posible antes de proseguir su marcha hacia Roma. Transcurridos 18 días uno de sus soldados encontró un punto débil, una de las entradas de un acueducto había sido obstruida con una gran roca volcánica, muy porosa y fácil de excavar.

En pocos días y en secreto perforaron un pequeño túnel. Una noche dispuso una avanzadilla de 500 soldados en la entrada del túnel pero por temor a que el ruido provocado por tantos soldados alertase a los guardias, organizó un señuelo de distracción cerca de ese punto. Un buen número de soldados comenzaron a gritar, cantar, tocar tambores y provocar a los guardias, camuflando el ruido de los soldados que atravesaban el túnel.

En pocas horas penetraron 2,000 hombres que abrieron las puertas de la ciudad, el saqueo había comenzado, la guarnición goda se rindió rápidamente, pero la población judía, conocedores del destino que les deparaba si la ciudad caía en manos de los cristianos se resistieron, lucharon con coraje hasta ser derrotados, los judíos eran perseguidos por todo el imperio por mandato de Justiniano.

La reconquista de Roma

El Consejo Godo al recibir información del desastre de Neápolis impusieron un nuevo rey, un general llamado Vitiges, después de que Teodato fuera asesinado. Vitiges se vio obligado a abandonar Roma dejando una guarnición de 5,000 hombres para combatir a los francos comprados por Justiniano, que estaban invadiendo el norte de Italia. Vitiges calculó mal, creyó que tendría tiempo de sobornar a los francos y regresar a Roma antes de la llegada de Belisario, pero no fue así.

Murallas de Roma en el siglo VI

Belisario era un general que siempre trataba de anticiparse a todo, se presentó con su ejército a las puertas de una ciudad con unas murallas maltrechas, no se habían reconstruido desde tiempos del emperador romano Teoderico. La guarnición goda sorprendida optó por abandonar la ciudad y huir para unirse a Vitiges, el día 10 de diciembre de 536 Belisario tomaba Roma.

Con tan solo 10,000 hombres y consciente de la llegada de 100,000 godos, Belisario preparó la defensa de la ciudad, reforzó la muralla en sus puntos más endebles y se aprovisionó de grano y agua. Belisario había solicitado a Justiniano 20,000 soldados de refuerzo, pero la respuesta del emperador fue que solo podía disponer de 2,000 y en ese momento se encontraba en Grecia y no se movilizarían hasta pasado el invierno.

Sin más dilación Vitiges comenzó el asedio de Roma, lanzó a sus tropas contra las murallas y apunto estuvieron de rebasarlas en más de una ocasión, pero la defensa planteada y el arrojo de los bizantinos lo impidieron. En una sola jornada Vitiges perdió 20,000 hombres y se vieron obligados a cesar su ataque, optando por cercar la ciudad. Tras esto Belisario pasó a la ofensiva, ordenó realizar escaramuzas rápidas y fulminantes contra los godos apostados con gran éxito, hasta el punto de llegar a expulsarles en marzo de 537.

La conquista de Italia

Después de esta gran victoria el general pasó un tiempo reorganizando a su ejército reclutando a tropas entre la población autóctona, ya que los refuerzos que llegaban eran escasos. En 540 marchó hacia el norte y tomó Mediolanum(Milán), seguidamente se dirigió a la capital ostrogoda de Rávena.

Presagiando lo peor, el consejo ostrogodo ofreció a Belisario el título de emperador romano de occidente, cargo que aceptó para que le permitieran la entrada en Rávena. Belisario entró en la ciudad con 50 de sus mejores soldados, una vez dentro capturó a Vitiges y proclamó la conquista de Rávena en nombre del emperador Justiniano.

La desconfianza de Justiniano

Justiniano al enterarse de la oferta recibida por Belisario, decidió relegar al general del mando de las tropas de Italia y le envió a defender la frontera de oriente. En esta nueva campaña no se logró una victoria contundente pero sin embargo forzaron una nueva tregua por cinco años con los sasánidas. Conseguida esta paz fue nuevamente enviado a Italia en 542. Los ostrogodos tenían un nuevo rey llamado Totila que estaba reconquistando el territorio perdido, llegando incluso a recuperar Roma.

Justiniano ya veía en Belisario un peligroso rival para usurparle el trono, por temor a su fama, le abocó al fracaso. No le destinó recursos en absoluto y a duras penas logró hacer frente a los godos. Pero aún con esta escasez consiguió recuperar Roma con pocos soldados y resistió valerosamente a un asedio en 544. Poco tiempo después, Justiniano requirió su presencia en Constantinopla. Ante la presencia del emperador, Belisario fue apartado del ejército y obligado a mantener una vida humilde. En 559 fue nuevamente requerido para encabezar un ejército improvisado y defender Cosntantinopla de la invasión de los Kutrigurs al mando de un kan llamado Zabergán.

Con el ejército de Zabergán a tan solo 20 km de Constantinopla, formó un ejército con veteranos que habían servido a su lado y juntos lograron su última victoria al servicio del imperio, en la «Batalla de Melantias». Ser el salvador del imperio no le sirvió para ser falsamente acusado en 563 de conspiración para asesinar al emperador. Fue condenado a pasar el resto de su vida en prisión.

El pueblo no tardó en echarse a la calle, ahogados por los impuestos se produjeron varias revueltas en las que se exigía la liberación de Belisario. Justiniano en un intento de aplacar estas revueltas concedió el perdón a Belisario, lo liberó y restauró su posición en la corte. Al poco tiempo en 565, moría Belisario y unas pocas semanas después lo hacía Justiniano. El pueblo jamás olvidaría a su general, sería recordado como un héroe que llegó a ser más popular que el emperador Justiniano.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here