Aníbal Barca, el terror que asoló Roma

El destino del mediterráneo occidental está en juego

La presencia del ejército romano en Cartago hizo que el general cartaginés Aníbal Barca, tuviera que ser retirado de la península itálica de forma apresurada para defender su ciudad natal del ejército romano, plantado a sus puertas y dirigido por otro gran general, Publio Cornelio Escipión.

Aníbal intentó negociar con los romanos, pero el general Escipión enojado se negó rotundamente a escuchar cualquier propuesta que no sea la rendición incondicional, Cartago ya había utilizado una tregua para alertar a Aníbal, organizar su regreso y volver a reanudar la guerra dejando el control de su ejército en manos de Aníbal. Los destinos de Roma y Cartago solo podían decidirse mediante una guerra.

Batalla de las Islas Egadas

La campaña de Aníbal duraba ya 16 años, tiempo en el que había logrado espectaculares victorias, nunca pudo dar la estocada final para derrotar definitivamente a Roma. Una campaña concebida mucho antes de su nacimiento en el año 247 a.C., tras la aplastante derrota de la armada cartaginesa frente a la romana, en la Batalla de las Islas Egadas, frente a la costa de Sicilia en el año 247 a.C., tras esta batalla, se puso fin a la Primera Guerra Púnica.

Después de la Primera Guerra Púnica

Cartago se vio despojado de sus territorios en Sicilia y se vieron obligados a pagar una enorme indemnización a Roma. Para empeorar las cosas, Roma tuvo un comportamiento arrogante, en el año 238 a.C., Roma se apropió de Córcega y Cerdeña con el pretexto de que Cartago estaba planeando otro ataque contra los romanos. Cartago no tuvo tiempo ni de analizar lo que había sucedido, se encontraba envuelta en una cruel guerra civil conocida como la «Guerra de los Mercenarios», guerra que enfrentaba a las principales ciudades de Cartago contra sus antiguos mercenarios que se sublevaron al dejar de percibir sus salarios por los servicios prestados durante la guerra contra Roma, deuda a la que Cartago no podía hacer frente debido a las sanciones impuestas por los romanos. Pero la osadía y arrogancia de Roma inculcó un ferviente deseo de venganza.

Sobre todo en el corazón de Amílcar Barca, el principal general de Cartago en los últimos años de la Primera Guerra Púnica. Amílcar había luchado contra los romanos desde su base en el Monte Erice, llevando a cabo numerosas escaramuzas, las cuales se convirtieron en un auténtico quebradero de cabeza para los romanos hasta la derrota final de Cartago. Los términos que impuso Roma provocaron un duro en la mente del general Amílcar, nunca aceptó tal derrota.

Amílcar Barca

Amílcar tenía la intención de restaurar el dominio de Cartago en una eventual segunda guerra con Roma. Primero necesitaba reconstruir el ejército cartaginés, que había sido duramente golpeado por las guerras con Roma y luego recuperar la confianza de los mercenarios. Su plan era ir a Hispania, donde expandiría las posesiones de Cartago y reclutaría a miembros de tribus hispanas (iberos, celtas y celtíberos), para luchar. Los ejércitos de Cartago habían estado durante mucho tiempo compuestos exclusivamente por mercenarios procedentes de todos los rincones del mediterráneo, solo los oficiales eran nativos de Cartago, el resto eran extranjeros.

Cartago invade Hispania

Su ejército lo componían guerreros procedentes de África, principalmente de Libia, formidables lanceros, la Galia, bravos en la lucha cuerpo a cuerpo, Hispania, guerreros que conformaban el grueso de su infantería ligera gracias a su excepcional movilidad, las Islas Baleares, con sus hábiles y adiestrados honderos, aunque su principal poderío procedía de sus vecinos, Numidia, con su soberbia caballería. Los romanos quedaban en profunda desventaja en el campo de batalla frente a tan poderosa caballería.

Mercenarios atraídos por la riqueza en abundancia que antes de la Primera Guerra Púnica, poseía Cartago. Conocidos por los romanos como «púnicos», debido a su origen fenicio, hablaban un antiguo dialecto fenicio, el púnico, los cartagineses tenían el mismo talento para el comercio que los fenicios.

Después de la guerra con Roma, el dinero escaseaba y Cartago estaba agobiado por la pesada indemnización. En busca de plata y territorios, Amílcar dirigió una expedición a la Península Ibérica en el año 237 a.C., con el consentimiento de Roma que solo pensaba en recaudar a costa de la campaña de Amílcar, aunque las verdaderas intenciones del general eran otras.

Confiaba en que tendrían éxito, realizó un ritual sagrado antes de partir, se realizaron sacrificios humanos a los dioses. Amílcar había llevado al altar a su hijo de nueve años llamado Aníbal, le hizo colocar la mano sobre la sangre de la víctima y juró su odio eterno hacia los romanos. Se dice que el joven recitó el juramento:

«Lo juro, tan pronto como la edad me lo permita, usaré el fuego y el acero para llevar a Roma a su destrucción absoluta».

Juntos, padre e hijo navegaron hacia Hispania, sus ejércitos fueron despiadados con el fin de someter a todas las poblaciones que se interpusieran en su camino. Amílcar mató a muchos y reclutó a otros para su causa. También incrementó la productividad de las minas controladas hasta ese momento por los turdetanos, creando un flujo continuo de plata hacia Cartago. Con este dinero Amílcar pagó fácilmente a los mercenarios de su nuevo ejército.

El ascenso de Aníbal Barca y el comienzo de la Segunda Guerra Púnica

Pero Amílcar no pudo ser el líder deseado para iniciar la campaña contra Roma; en el año 228 a.C., mientras trataba de someter al belicoso pueblo ibero de los oretanos, Amílcar fue emboscado, perseguido y asesinado. Tras este hecho el yerno de Amílcar, Asdrúbal «el bello», tomó el control del ejército durante siete años, continuando con la recaudación de plata y engrandeciendo el ejército, hasta que fue asesinado en el 221 a.C. por el sirviente de un rey celta llamado Tagus, crucificado en el año 221 a.C. por Asdrúbal, el cual según los historiadores lo hizo llevado por la venganza. Aníbal Barca, quien se había criado entre los soldados de su padre, creó unos lazos de lealtad inquebrantables, a la edad de 25 años tomó el mando del ejército.

Aníbal Barca

Expandió su dominio en la Península ibérica, hasta que llegó a las puertas de Arse (Sagunto) en el año 218 a.C., ciudad aliada de Roma, Aníbal escudándose en el pacto con los romanos en el cual podía someter a todas las poblaciones que quisiera al sur del río Ebro, se dispuso a sitiar la ciudad, tras 8 meses de sitio la ciudad sucumbió, la población edetana finalmente a pesar de haber pedido ayuda a Roma, jamás la recibió, fueron abandonados a su suerte y muchos optaron por el suicidio en masa antes que ser capturados y vendidos como esclavos.

Para los romanos fue el pretexto perfecto para declarar una nueva guerra a Cartago (Segunda Guerra Púnica), ya que comenzaban a ver al ejército de Aníbal como una amenaza, además de haber despertado el interés de Roma por la Península Ibérica, pensaban que era el momento de expulsar a los cartagineses de Hispania. Por su parte, Aníbal conocía de antemano las consecuencias del sitio de Arse, ahora ya tenía su pretexto para justificar ante el Gran Consejo de Cartago la guerra que buscaba con anhelo. Aníbal tardó poco tiempo en poner en marcha su plan para la invasión de Italia.

Aníbal cruza Los Alpes

Creía que Roma podía ser derrotada despojando a la República de sus aliados italianos, muchos de los cuales habían sido puestos bajo el dominio romano por la fuerza recientemente. Como los romanos habían ganado el control del mar en la Primera Guerra Púnica, Aníbal tendría que tomar la larga ruta terrestre a través de la Galia para atacar en Italia. Salió de Hispania a la cabeza de un ejército de 50,000 soldados de infantería, 9,000 de caballería y un pequeño cuerpo de 37 elefantes.

El viaje por el sur de la Galia fue arduo, en el camino se encontró con tribus galas muy hostiles que desangraron a su ejército. Cruzó el caudaloso río Ródano para luego marchar a través de los Alpes, convirtiendo en epopeya su marcha hacia Italia. Aníbal buscaba sorprender a los romanos, los pasos costeros eran un escenario perfectamente planificado por los romanos, habían creado una amplia red de muros y empalizadas, disponiendo a sus tropas en los mejores puntos estratégicos para obligar a las tropas de Aníbal a pasar por un cuello de botella, en el que la caballería númida resultaría ineficaz, y así derrotarle fácilmente.

Pero atravesar los Alpes le costó caro al ejército de Aníbal. Para cuando llegó a las tierras bajas del otro lado, solo le quedaban 12,000 infantes libios, 8,000 iberos, 6,000 de caballería y a penas un puñado de elefantes. Aníbal había perdido más de la mitad de sus fuerzas simplemente atravesando Los Alpes; durante la dura travesía el general también perdió su ojo derecho debido a una infección. ¿Lo que ocurrió después demostró que Anbal Barca era una de las mentes militares más grandes de todos los tiempos, como ya indicamos en nuestro artículo «Los 10 mejores generales de la antigüedad».

Aníbal entra en Italia

En la batalla de Trebia en el 218 a. C., Aníbal envió a un campamento romano un pequeño escamote que fingió huir al toparse con ellos, con el fin de atraer a su ejército a un escenario debidamente elegido y preparado por Aníbal, los romanos muy entusiastas y confiados cayeron en la trampa, les persiguieron precipitadamente. Las tácticas cartaginesas, desconocidas para ellos les cogió por sorpresa, su ejército de unos 40,000 hombres fue aplastado, tan solo 10,000 legionarios pudieron escapar de la trampa con vida. Lo peor estaba por llegar; en el 217 a.C. Aníbal se encontró con un ejército romano frente al lago Trasimeno.

El valor de los romanos no fue suficiente para cambiar el rumbo de la Batalla del Lago Trasimeno; el ejército romano marchaba decidido por un camino a orillas del lago hacia la ubicación de los cartagineses, cuando fueron emboscados por los flancos y empujados hacia el lago, muchos romanos murieron ahogados, el general romano Gaius Flaminius fue asesinado junto con 15,000 de sus hombres, aunque los cartagineses también perdieron a unos 2,500 de sus propias tropas.

En un intento por ganar el apoyo de la población local, Aníbal comenzó a liberar a sus prisioneros de guerra italianos no romanos. Sorprendidos y severamente golpeados, los romanos comenzaron a comprender que Aníbal no era un general ordinario. Designaron a Quinto Fabio Máximo como dictador, un puesto que llevaba consigo vastos poderes para ser usado solo en un momento de emergencia. Aníbal continuó causando estragos en toda Italia mientras marchaba hacia el sur. Fabio le seguía de cerca, pero siempre eludía la batalla con el invencible Aníbal. En su lugar, Fabio luchó en pequeñas escaramuzas para restaurar la confianza romana, esta estrategia trajo resultados modestos pero reales.

El día más oscuro de Roma, La Batalla de Cannas

Cómo parar los pies a Aníbal

El Senado de la República romana insistió una vez más en enfrentarse a Aníbal Barca en una batalla campal. Los romanos eligieron a los cónsules que buscarían rendir cuentas con Aníbal. Estos fueron Lucio Emilio Paulo y su colega, Cayo Terencio Varrón. Llamaron a Fabius «cunctator» (que significa «retardador») por su falta de voluntad para enfrentarse al enemigo en la batalla, a pesar de restaurar la confianza romana la dictadura de Fabio solo duró seis meses.

Después de la serie de derrotas sufridas en el río Trebia y en el lago Trasimene., los romanos estaban sorprendidos por la magnitud de sus derrotas mientras seguían la cautelosa política militar del dictador Quinto Fabio Máximo. Después de un tiempo, sin embargo, ya no podían soportar que el general cartaginés se abriera camino a través de Italia prácticamente sin oposición. En el año 216 a.C. un ejército romano de tamaño sin precedentes, unos 80.000 hombres, la gran mayoría muy bisoños salió al encuentro de Aníbal en la llanura de Cannas, en el sur de Italia.

Los romanos hicieron las cosas más difíciles para ellos mismos al alternar el mando de su ejército entre los dos cónsules. Lucio Emilio Paulo lo ordenaría un día, Cayo Terencio Varrón el siguiente, y así sucesivamente. En el día de la batalla, el 2 de agosto de 216 a.C., el mando del ejército estaba en manos de Cayo Terencio Varrón. Las tácticas de batalla romanas de la época eran muy simples, esencialmente una carrera directa hacia el enemigo e intentar abrumarlo utilizando la fuerza bruta.

El plan de Aníbal

El plan de Aníbal Barca a pesar de ser arriesgado, era muy astuto y perspicaz, tenía una confianza absoluta en la victoria. Puso en vanguardia a la infantería ligera formada por iberos, Aníbal tenía mucha confianza en los iberos, necesitaba soldados que no se acorbadaran y huyeran en cualquier momento al verse superados, sabía que los iberos realizarían mejor esta labor que los indisciplinados galos, los cuales se colocarían justo detrás de los iberos, los flancos fueron ocupados por los lanceros libios y la caballería númida. Para demostrar a sus tropas que su estrategia les llevaría a la victoria, se puso en primera línea justo detrás de la infantería ibera, que avanzó por el centro en busca de una confrontación directa.

Después de unos pocos minutos comenzaron a ceder, retirándose hacia atrás poco a poco, mientras que los flancos estiraban sus líneas alrededor de los entusiasmados romanos que avanzaban creyendo que las líneas cartaginesas estaban a punto de romperse, cuando los romanos siguieron adelante, las alas de su ejército se cerraron, los romanos se comprimieron de tal manera que ni siquiera podían levantar sus espadas, muchos murieron aplastados. «Algunos fueron descubiertos yaciendo vivos», escribió Tito Livio, «con los muslos y tendones cortados, mostraban sus cuellos y gargantas desnudos, suplicando a los vencedores para que les dieran una muerte rápida». Alrededor de 70,000 romanos murieron ese día y 10,000 fueron hechos prisioneros, fue el día más oscuro de la historia de Roma, jamás olvidarían la lección aprendida.

Para comprender el horror y la impotencia que sintieron los soldados romanos al ser cercados, no hay más que ver el siguiente video de la serie Juego de Tronos, se trata del episodio en el que las tropas del sádico Ramsay, rodea al ejército de Jon Nieve en la llamada «batalla de los bastardos»

Después de la Batalla de Cannas, Maharbal, talentoso comandante de caballería de Aníbal Barcal, lo instó a atacar Roma, prometiendo que cenarían allí en solo cuatro días si lo hacía. Pero Aníbal no marchó de inmediato hacia Roma, consideró que el ejército cartaginés estaba agotado y había perdido a miles de hombres. Había derrotado a tres ejércitos romanos, causando terribles pérdidas, quizás no veía a su ejército preparado para mantener un largo asedio. Cuando Aníbal se negó a seguir el consejo de su subordinado, un frustrado Maharbal comentó: «Sabes cómo ganar una batalla, Aníbal, pero no sabes cómo usar la victoria”. Esta decisión fue una de las más controvertidas del gran general. Roma bien podría haber caído en manos de los cartagineses si hubiera aparecido a sus puertas poco después de Cannas, pero puede resultar ignominioso decir que fue un error, si una mente como la de Aníbal Barca decidió no tomar esta decisión fue sencillamente porque sabía que no podía conseguir su objetivo, Aníbal estaba incurriendo en los mismos errores que llevaron al fracaso de Pirro rey de Epiro durante las Guerras Pírricas.

La irrupción de Publio Cornelio Escipión

Publio Cornelio Escipión hizo caso omiso a las órdenes recibidas, se lanzó contra el principal bastión cartaginés de Cartago Nova en un asalto por sorpresa en 209 a.C., seguidamente Escipión derrotó al hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca en la batalla de Baecula, 208 a.C. Asdrúbal Barca con los dos tercios que le quedaba de su ejército, intentó unirse a su hermano Aníbal saliendo de Hispania y siguiendo la ruta a través de la Galia meridional hasta Italia, pero en el año 207 a.C., fue derrotado y asesinado en la Batalla del río Metauro, Aníbal se enteró de la derrota de su hermano menor solo cuando los romanos lanzaron la cabeza de Asdrúbal al campamento de su ejército. «Ahora, por fin», dijo Aníbal sombríamente, «¡Veo el destino de Cartago!».

Publio Cornelio Escipión continuó avanzando hacia el sur, le siguió otra victoria en la Batalla de Ilipa en el 206 a.C. sobre Asdrúbal Giscón y Magón, hermano de Aníbal. Escipión fortaleció a sus soldados y desarrolló las tácticas que eventualmente convertirían a los romanos en algo más que un rival para los mercenarios que luchaban por Cartago. Mientras Aníbal en Italia, era incapaz de hacer mucho contra Roma, Escipión se estaba convirtiendo en uno de los mejores de la historia de Roma.

Magón Barca abandonó Hispania en el año 205 a.C., dejando el control de este basto territorio en manos de Escipión. La pérdida de este territorio también animó a Masinisa, príncipe numidiano, a cambiar su lealtad uniéndose a Roma. Escipión más tarde usaría la excelente caballería que Masinisa trajo consigo, esto ayudaría a remediar la debilidad romana en la caballería que durante tanto tiempo los había atormentado en sus batallas con los cartagineses.

El comienzo del fin para Cartago

Habiendo expulsado a los cartagineses de Hispania, Escipión fue puesto al mando de un gran ejército en Sicilia, que luego llevó a África en 204 a.C, para un enfrentamiento final con Cartago. Después de aterrizar en Cartago, Escipión asedió la ciudad de Útica y luego derrotó a un gran ejército cartaginés enviado contra él. Cartago pidió una tregua en el año 203 a.C. para negociar con Roma los términos de la paz, aunque las intenciones de Cartago eran otras. El consejo de Cartago exigió el regreso de Aníbal y de su hermano Magón que por entonces se encontraba en el norte de Italia, para que se enfrentaran a Escipión.

Se dice que Aníbal estaba furioso cuando le llegó esta orden de destitución y que se quejó amargamente de que su gobierno no lo había apoyado durante los 16 años que había hecho campaña contra los romanos en Italia. Sin embargo, en la raíz de todo esto, Aníbal se culpaba a si mismo. Incautamente era consciente de que se había movido contra Sagunto años antes, entablando una guerra con Roma cuando Cartago no estaba completamente preparada para librarla. Luego invadió Italia con un ejército que era demasiado pequeño para ganar esa guerra, sin importar cuántas batallas pudiera ganar.

Durante muchos años después de Cannas, no pudo hacer más que mantener a los suyos, ya que los eventos se desarrollaron en otros lugares, como en Sicilia y en Hispania. La ciudad de Siracusa, que conquistó Cartago en 215 a. C., fue perdida tres años más tarde en 212 a. C., además Hispania estaba completamente en manos romanas en 205 a.C., Capua volvió a unirse a Cartago en 211 a.C., al igual que Tarento en 209 a.C.. Con el tiempo, el ejército de Aníbal se deterioró, mientras que los romanos se crecían.

La batalla de Zama

Con la eventual victoria romana cada vez más segura, los aliados de Aníbal en Italia comenzaron a abandonarlo. Aníbal se vio obligado a refugiarse por última vez en Brucio, en el extremo sur de Italia, donde permaneció hasta su retirada. Con Aníbal de vuelta (Magón moriría en el mar por las heridas mientras se dirigía a casa), el gobierno cartaginés recuperó cierta confianza y las negociaciones de paz con Roma se rompieron. La guerra se reanudó y Aníbal se puso al mando de las tropas que quedaban en Cartago, sumando sus mejores tropas rescatadas de Italia, unos 40,000 hombres, también disponía de 80 elefantes.

De manera alarmante, Aníbal era más débil en caballería que Escipión, que contaba con la ayuda de 4.000 excelentes jinetes numidianos de Masinisa. En la dura batalla que siguió, los romanos adoptaron lo mejor de los cartagineses. Las tácticas romanas habían mejorado enormemente después de años de guerra y ya no eran simples lanzamientos precipitados contra el enemigo.

Los hombres de Escipión se hicieron a un lado hábilmente cuando los elefantes de Aníbal tronaron a través de sus líneas, luego rodearon y mataron a las bestias. Las tropas de Escipión se comportaron con mucha disciplina, adoptaron la clásica disposición de batalla de la legión, la «Triplex Acies», mostrándose implacables en su avance. Las tropas de Aníbal vacilaron y se rompieron cuando la caballería númida y romana, giró y les atacó por la retaguardia. El ejército cartaginés se derrumbó y Aníbal se vio obligado a huir del campo de batalla.

La huida y muerte de Aníbal

Después de la derrota, el senado cartaginés volvió a demandar la paz, y en el 201 a.C. la larga guerra que duraba 17 años llegó oficialmente a su fin. Posteriormente Aníbal ocupo un puesto en la administración económica, tratando de restaurar las finanzas cartaginesas para pagar mejor la enorme indemnización que los romanos les impusieron. Facciones anti Bárcidas acusaron a Aníbal de quedarse con parte de las recaudaciones para formar un nuevo ejército y trataron de expulsarlo, Aníbal sospechando que iba a ser entregado a las autoridades romanas, huyó para continuar su lucha contra roma. En el 191 a.C. comandaba flotas contra los romanos en nombre del rey Antíoco III el Grande de El Imperio Seléucida.

Fue derrotado en las batallas de Eurimedonte y Mioneso, tras otra serie de derrotas navales y terrestres frente a Lucio Cornelio Escipión «El Asiático», hermano de su gran rival, el ya conocido como Escipión el Africano, el rey Antíoco III se vio obligado a negociar la paz, una de las condiciones era la entrega de Aníbal Barca, por lo que una vez más tuvo que huir, está vez buscó refugio en el reino de Bitinia, en el norte de Anatolia, a orillas del Mar Negro. Bitinia todavía continuaba en guerra contra un aliado de Roma, Pérgamo, Aníbal comandó a sus ejércitos obteniendo algunas victorias.

En el año 183 a.C. Roma decidió entablar relaciones cordiales con el rey Prusias, por lo que Aníbal se había convertido en un invitado incómodo y optó por detenerlo para entregárselo a sus nuevos amigos romanos, envió a sus soldados a la casa de Aníbal, para ponerlo bajo arresto. Sabiendo bien qué destino le esperaba si cayera en manos romanas, el viejo general decidió suicidarse, según el mito, lo hizo con un veneno que tenía en su anillo, uno de los más grandes generales de la antigüedad yacía muerto por su propia mano.

1 Comentario

  1. La verdad es que me ha parecido muy interesante y benéfica las publicaciones aquí vertidas. Les felicito mucho por tan buen y gran trabajo, creo que es lo que él mundo necesita: Conocimiento de historia y sabiduría de siglos pasados y claro; también lo contemporáneo… Muchas gracias y Dios los bendiga mucho.

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