Ramsés II el gran faraón

Nacido alrededor del año 1303 aC, hijo del faraón Seti I y la reina Tuya, Ramsés, como muchos jóvenes príncipes de Egipto, recibió la mejor educación, para preparar su futuro ascenso al trono. Desde la época del faraón guerrero Tutmosis III, Egipto había perdido tierras ante los hititas y los nubios, con quienes el pueblo egipcio estaba sometido a tensiones constantes desde hacía tiempo. Seti I comenzó a realizar campañas militares para reclamar tierras que creía legítimamente que eran suyas y para demostrarle a su hijo que era responsabilidad del faraón proteger las tierras y a los súbditos de Egipto de cualquier posible amenaza.

Seti I, padre de Ramsés II

Ramsés abrazó las ideas de su padre, observó, aprendió y recordó las prácticas que su padre empleó e incluso llevaría a sus propios hijos, Jaemuaset y Amunhirwenemef, en campañas para dejarles el mismo conocimiento. A la tierna edad de diez años, Ramsés recibió el honor y el título de capitán del ejército egipcio, a los 14 años, fue nombrado Príncipe Regente, tiempo durante el cual supervisó e implementó los proyectos de construcción de su padre, ejerciendo de líder.

Alrededor de los 20 años, Ramsés ascendió al trono de Egipto después de la muerte de su padre y se convirtió en el tercer faraón de la XIX dinastía. Ramsés II tuvo un largo reinado como faraón 1279 al 1213 a.C., tuvo unos 150 hijos, y su reinado fue el segundo más duradero después de Pepi II Neferkare. Muchos egipcios, nacieron, vivieron y murieron, bajo su mandato, incluso se extendía el pánico entre sus súbditos, con la sola idea de su muerte.

En su quinto año de reinado, Ramsés II utilizaría una campaña militar para conseguir reputación y respeto. Campaña iniciada por las crecientes tensiones territoriales entre el reino egipcio y los hititas, los hititas recuperaban tierras e intentaban ampliar sus fronteras hacia el sur, bajo el reinado de Muwatalli II. Esta campaña duraría años, finalmente, llegaría a su clímax en la ciudad de Qadesh en el año 1274 aC. Engañados por dos espías y optando por actuar en base a información errónea, Ramsés II y sus hombres fueron atraídos a una emboscada.

Mirando a la muerte y con la derrota impresa en la cara, Ramsés II tomó las riendas para dirigir personalmente un contraataque contra sus enemigos que superaban irremediablemente a su ejército. Inesperadamente, esta decisión obligaría a Muwatalli II y sus hombres a refugiarse tras murallas de la ciudad de Qadesh, incapaces de derrotar al ejército de Ramsés II. Después de varios años de campaña, pudo anexionarse las ciudades de Dapur y Tunip al final de la primera década de su reinado, Ramses II superó así, la fama de otro glorioso faraón, Tutmosis III. Sin embargo, cuando las tensiones volvieron a estallar en los territorios del Norte, Ramses II y Hattusili III, el entonces gobernante de los hititas, establecieron lo que se convertiría en el primer ejemplo registrado de un tratado de paz internacional en la historia, para traer prosperidad y poner fin a las guerras entre ambos reinos.

Ramsés II fue mucho más que un gran caudillo militar, hizo erigir grandes monumentos en su honor y en el de su Reina Nefertari en Abu Simbel en Nubia, el templo funerario de Ramsés, en Luxor, el Gran salón del Templo de Karnak, el Palacio Nuevo en Avaris, además de cientos de edificios y estatuas de él mismo por todo el reino. Su decisión política más destacada, fue la de trasladar la capital a la ciudad de Pi Ramsés, en el delta del Nilo, fundada por su abuelo Ramsés I, con el fin de mantenerse apartado del poderoso clero de Amón, relegando a la ciudad de Tebas como capital religiosa.

A pesar de los indiscutibles triunfos bélicos y de las numerosas construcciones ordenadas erigir por él, Ramsés II no tuvo suficiente, su ego crecía de manera desmesurada, así que se dedicó a usurpar las construcciones e inscripciones de sus predecesores, incluyendo las de su padre Seti I. Hizo sobreescribir profundas inscripciones sobre otras, para que fueran difíciles de borrar por otro sucesor, retiró material de otras construcciones para realizar las suyas, también se atribuyó edificaciones de anteriores faraones para sí mismo.

También se sabe que durante su reinado, la población tuvo que enfrentarse a numerosas, plagas, epidemias y hambrunas, dejando a la sociedad egipcia al límite del colapso, pero tales hechos nunca fueron registrados, ¿o simplemente no sucedieron? ¿O es más posible que Ramsés II se obsesionara con la preservación de un legado perfecto, aunque falso?. Este rasgo de embellecer la historia también se extendería a sus victorias militares, la Batalla de Qadesh fue el acontecimiento militar más significativo de Ramsés II y ahora sabemos que no hubo una victoria decisiva, como mucho se cree que fue un empate técnico.

A pesar de lo que Ramsés II había tallado en las paredes de sus monumentos y la historia retratada en el Poema de Pentaur y El Boletín de Guerra, la batalla supuestamente a punto estuvo de terminar con la destrucción completa de las fuerzas de Ramsés II, que se salvaron gracias a los refuerzos de última hora. También se afirma que Ramsés II trató de encubrir su error al creer a los dos espías hititas, lo que le llevó a él y a sus hombres a ser emboscados. En cambio, supuestamente afirmó que sus hombres lo abandonaron, dejándolo solo para ganar la batalla, por lo cual, los castigó. Muchas de las otras críticas sobre Ramsés II, provienen del libro de Éxodo, en el que se le presenta como un gobernante cruel y obstinado.

En sus textos, se afirma que Ramsés II amplió la ciudad de Pi-Ramsés con el uso de mano de obra esclava y no con hábiles obreros egipcios. También se cree que la huída de los esclavos hebreos, no fue registrada porque iba en contra de su propio ego, y podía resultar contraproducente. El libro del Éxodo describe quien se supone es Ramsés II como el villano de su propia historia, aunque, no hay una evidencia real que respalde las afirmaciones hechas en estos textos. Sin embargo se podría decir, que ningún otro faraón contribuyó más al paisaje arquitectónico egipcio que Ramsés II y que esa era su intención. Los arqueólogos y los eruditos describieron su reinado como el pináculo del arte y la cultura en el antiguo Egipto.

En cuanto a sus conquistas militares, Ramsés II ciertamente demostró ser un comandante natural y un oponente formidable. Sin embargo, es muy posible que con su extenso alcance, Ramsés II pudo escribir las páginas de la historia él mismo, embelleciendo la verdad y dejando de lado los delitos menores para crear una imagen de él como el gobernante definitivo. A pesar de la ficción que pudo haber creado, su legado habla por sí mismo. Fue tan influyente en su reino que otros nueve faraones que lo siguieron tomaron el nombre de Ramsés en su honor y aún hoy es considerado como uno de los faraones más célebres y poderosos de todo el antiguo imperio egipcio.

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