Hernán Cortés, encarnación del dios Quetzalcóatl

Se convirtió en inmortal al conquistar el imperio azteca, pero ¿tan preparado estaba realmente como para aplastar el imperio más poderoso del Nuevo Mundo?.

La gloriosa ciudad dorada de Tenochtitlán se quedó en ruinas, sus habitantes la abandonaron y los guerreros fueron derrotados. El hombre detrás de esto era Hernán Cortés, quien había dirigido a sus conquistadores con una convicción rocosa y despiadada. Se le concedió el título de gobernador de Nueva España. Pero, ¿cómo empezó todo?

Cuando el Nuevo Mundo se abrió a los exploradores españoles, todos querían un pedazo de pastel, las falsas historias como las que contaban que por sus ríos fluía oro, tuvieron mucho que ver Uno de los que buscó fama y riqueza fue Hernán Cortés. Nació en el seno de una familia de clase humilde en Medellín (Extremadura), España, en 1485, fue empleado por Francisco Pizarro, quien más tarde dirigió la expedición que conquistó al Imperio Inca. Cortés amaba la aventura, pero nunca podría soñar con convertirse en el que obligó a una civilización entera a arrodillarse. Contra los deseos de sus padres, suspendió sus estudios de derecho y latín en la Universidad de Salamanca y comenzó a trabajar por el nuevo mundo en 1504.

Cuando llegó a la ciudad de Azúa en la República Dominicana de hoy, trabajó durante varios años como notario. La primera oportunidad de Cortés para salir de aventura llegó unos años después, cuando iba a participar en un viaje de descubrimiento a América Central en 1509, pero perdió la oportunidad por enfermedad (posiblemente causada por sífilis). En 1511 tuvo más suerte y participó en una expedición a Cuba bajo la dirección de Diego Velázquez de Cuéllar, despertó el respeto y la confianza del nuevo gobernador durante ese viaje. Apenas siete años después, tenía suficiente coraje y dinero para hacer un viaje por su cuenta.

El momento fue bien elegido, porque Cortés había ganado un alto grado de confianza en sí mismo al ganar la confianza de Diego Velázquez después de la expedición a Cuba. Incluso se había casado con su cuñada. Rápidamente hizo carrera en el gobierno local, ganando poder y liderazgo. Se hizo cada vez más influyente, Diego Velázquez puso toda su atención sobre él, cuando tuvo el suficiente poder, ordenó a Hernán Cortés preparar su próxima expedición a América Central, la misión constía en explorar el territorio, elaborar mapas y documentar a la población local. Se dirigió a México con 500 hombres en 11 naves, en marzo de 1519 llegó a la costa y desembarcó en la península de Yucatán, pero sus intenciones eran otras, poco le costó convencer a sus hombres para que le acompañaran en esta aventura de conquista.

Uno de los primeros contactos que recibieron los españoles después de su llegada fue una mujer, llamada Malinche. Era una nativa Nahuatí y jugó un papel crucial en el éxito de la expedición, ya que actuó como intérprete entre los españoles y las poblaciones que se iban encontrando en México. También se convirtió en la amante de Cortés.

Hernán Cortés, que no conocía el territorio, solo tenía 17 cañones, 12 caballos y algunos perros de presa, fue conducido por una sola cosa, la ambición de conseguir oro. Estaba tan seguro de que la expedición tendría éxito, que según el mito llegó a destruir sus propios barcos. Ahora no habría viaje de vuelta hasta la victoria absoluta. Con Malinche como intérprete, los conquistadores podrían embarcarse en la complicada red de alianzas locales y tratar de aprovecharlas. Fue un viaje desenfrenado de tres meses por tierras desconocidas, pero la expedición española no pudo haber llegado en un momento más adecuado. Una profecía azteca hablaba del regreso de dios Quetzalcoat, y afortunadamente para Hernán Cortés, había llegado exactamente en el momento que la profecía predijo.

Los aztecas eran la cultura dominante en la zona, pero había otros grupos más pequeños que rivalizaban con su poder. Cuando llegaron los españoles, el Imperio azteca estaba en una crisis política y Hernán Cortés se aprovechó de esto. Se alió con los Tlaxcaltecas y Totonacas, Junto a ellos llegó a la ciudad de Cholula, con la intención de que se unieran a su causa. Acordó una reunión con los líderes cholultecas, pero su intérprete y amante Malinche recibió la información de que en realidad se trataba de una emboscada. Esto fue suficiente para que Hernán Cortés y sus aliados arrasaran la ciudad y mataran a cerca de 6000 personas como represalia. Después de esta masacre los cholultecas se unieron también a su causa.

El momento cumbre de la invasión, llegó cuando se presentó a las puertas de la capital azteca de Tenochtitlán. Llegaron el 8 de noviembre de 1519, finalmente conocieron a Moctezuma II y vieron la espléndida ciudad en todo su esplendor. Moctezuma recibió a Hernán Cortés con los brazos abiertos y oro como regalo, esto aumentó la ambición de los Cortés y sus hombres, puesto que ansiaban más oro. Todo se torció cuando los españoles atraparon a Moctezuma y lo pusieron en arresto domiciliario en su propio palacio.

Moctezuma era ahora un gobernante títere en su capital, pero tuvo un breve respiro cuando Diego Velázquez, ordenó arrestar a Cortés por desobediencia. Cortés nombró a Pedro Alvarado guardián de Moctezuma y su tesoro. Pánfilo de Narváez junto a 900 hombres, fue el encargado de detenerlo y llevarlo a Cuba ante Diego Velázquez, pero su misión fracasó cuando varios de sus comandantes y subordinados se unieron a Hernán Cortés durante el violento rescate que se produjo cuando 150 nativos y 70 de sus hombres fueron a rescatarlo en Cempoalla, los vencidos se unieron también a Hernán Cortés y Pánfilo de Narváez fue puesto bajo arresto.

Regresó con refuerzos. Pero cuando el líder español regresó, descubrió que Tenochtitlán estaba en un caos total. Los residentes de Tenochtitlán estaban furiosos por la brutalidad de los españoles durante la ausencia de Cortés. Las fuerzas españolas fueron asediadas en el palacio de Moctezuma, cuando enviaron al gobernante azteca para reprimir la sublevación, fue apedreado por las masas, según algunas fuentes, murió por esta causa.

Después llegaría la conocida como “noche triste” en junio de 1520, momento en el que los españoles se vieron obligados a emprender la retirada. A pesar de las adversidades, la ambición de oro por parte de Cortés volvió a cobrar vida, estaba decidido a terminar lo que había comenzado. Los españoles eran menos numerosos, pero tenían armas de acero, caballos y cañones, sus armas eran superiores. La caballería española fue muy eficiente y jugó un papel clave en la victoria crucial en Otumba, cuando 50,000 guerreros mexicas que perseguían a Hernán Cortés le dieron alcance, 400 españoles y 3000 nativos aliados se enfrentaron, los españoles consiguieron matar al comandante de los mexicas, al mostrar el estandarte arrebatado, los guerreros sorprendidos, se retiraron en desbandada.

En mayo de 1521, Cortés se reorganizó y regresó a Tenochtitlán para conquistar y saquear la ciudad, calle por calle. Habían cavado diques para detener a la caballería, se dividieron en pequeños grupos para evitar el fuego de los cañones. Cortés quería conquistar la ciudad lo más rápido posible, pero la dura defensa azteca hizo que el asedio durara varios meses. El sitio de la ciudad causó escasez de alimentos en las defensas aztecas, las enfermedades traídas por los españoles también causaron muchas bajas. Finalmente la ciudad cayó el 13 de agosto.

Ciudad de México y Nueva España nacieron, con Cortés como gobernador y comandante. Se hizo más poderoso, mientras que los pueblos indígenas mexicanos fueron masacrados. Cortés fue un devoto explorador y se dirigió al sur de Honduras en 1524, para tratar de encontrar las míticas siete ciudades de oro entre 1532 y 1536. Sin embargo, la expedición a Honduras fue demasiado para él. Su salud se vio afectada negativamente y su posición de poder se debilitó.

En 1528, regresó a España para mejorar las relaciones con el rey Carlos V, quien desconocía su creciente riqueza y poder. Carlos V reconoció su estatus como comandante en jefe, pero no como gobernador. El viaje fue necesario para fortalecer los lazos con su tierra natal, pero cuando Cortés regresó a Nueva España dos años después, el país estaba sumido en un caos.
Como muchos otros líderes, Cortés fue víctima de codiciosos comandantes que pelearon por el territorio para obtener riquezas como antaño hizo él, tenía 45 años y ya estaba harto de conflictos. Cuando estableció algún tipo de orden, se retiró a su propiedad en Cuernavaca y planificó nuevas expediciones en el Pacífico. Los funcionarios españoles monitorearon sus movimientos, pero él continuó explorando América Central y llegó hasta la península de Baja California. Uno de sus últimos viajes fue a Argelia, donde casi se ahoga después de sufrir un naufragio. Poco después de su regreso, falleció a los 62 años en Sevilla, el 2 de diciembre de 1547, como un hombre debilitado y anciano. Pero su reputación como conquistador azteca y fama de sanguinario despiadado, sigue latente.

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