Rusia: El resurgir de la superpotencia

Después de la Segunda Guerra Mundial, la entonces URSS comenzó a perfilarse como uno de los países más poderosos; hoy en día la Federación Rusa es uno de los líderes a nivel mundial.

Una combinación de líderes, acontecimientos y cambios de nombre han sido los ‘ingredientes’ que llevaron a la actual Federación Rusa a colocarse como uno de los países más poderosos del siglo XXI, con una influencia similar a la que tienen Estados Unidos y China.


El primer punto clave ocurrió en 1917, cuando el levantamiento popular en Petrogrado provocó la abdicación del zar Nicolás II, quien formó parte de la dinastía Romanov, la cual estuvo en el poder desde 1613. Ese mismo año el movimiento conocido como la Gran Revolución de octubre dirigido por el líder comunista Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin, terminó de dar fin al régimen zarista que gobernaba en el entonces llamado Imperio ruso. Este acontecimiento tuvo varios factores, entre los cuales destacaban las marcadas desigualdades sociales, la precaria economía en la que quedó el país tras la Guerra ruso-japonesa (1904-1905), y los efectos de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

El nuevo orden económico y social que derivó tras la Revolución estuvo marcado por otro acontecimiento: la sangrienta Guerra Civil de 1918 a 1922, que dejó un gran costo humano. Al término de ésta ocurrió el cambio de nombre a Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), compuesta por cuatro regiones: Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Transcaucasia (actualmente Armenia, Azerbaiyán y Georgia). Sin embargo, dos años después de que se nombrara como URSS, Lenin falleció, y en 1924 su sucesor fue Josef Stalin, quien por más de 30 años mantuvo un gobierno totalitario, vertical y dictatorial.

Lenin sentó las bases de lo que fue la Unión Soviética, pero realmente quien la construyó fue Stalin debido a sus políticas que buscaban industrializarla rápidamente. Por ejemplo, a través de la colectivización del campo, de generar una industria pesada que fuera el motor del desarrollo económico del país, y de buscar un trato diferenciado hacia las minorías étnicas que vivían en ese momento en la Unión Soviética.

Estos cambios derivaron en la participación de la URSS en la Segunda Guerra Mundial (1939 a 1945) tras la ruptura en 1941 del pacto de no agresión que tenía con Alemania, conocido como Ribbentrop Mólotov; eso fue el detonante para que al terminar este conflicto militar, la Unión Soviética se convirtiera en una superpotencia, ya que fue uno de los dos vencedores; el otro fue Estados Unidos.

Nueva cara

Los ganadores se repartieron Europa en bloques y tras esa división territorial se dio inicio a otro acontecimiento clave para la consolidación de la URSS como superpotencia: la Guerra Fría. Durante este hecho que duró de 1945 (aunque algunas fuentes consideran que inició en 1947, cuando se acuñó el término) a 1991, la Unión Soviética y Estados Unidos tuvieron gran actuación internacional y crearon su propia zona de influencia no solamente en el continente europeo, sino que trataron de expandir sus proyectos a África, América Latina y Asia. Esto trajo consigo conflictos entre los países que habían sido aliados durante la Segunda Guerra Mundial y con ello se desataron algunos enfrentamientos.

Los dos países emplearon distintos métodos, aunque nunca llegaron a lanzar un ataque directo y total contra sus respectivos territorios. La creación de alianzas rivales, la prestación de ayuda militar y económica a los Estados que eran clientes suyos y a los que aspiraban a serlo, una masiva y costosa carrera armamentista, las campañas de propaganda, el espionaje, la guerra de guerrillas, la lucha contra la subversión y los asesinatos políticos fueron métodos que usaron.

En 1953 la Unión Soviética pasó por una desestabilización tras la muerte de Stalin, y buscó acercarse a Estados Unidos en una “coexistencia pacífica”, por así llamarla, durante el gobierno de Nikita Jrushchov, que duró desde dicho año hasta 1964.

Cuando esto sucede vemos una Unión Soviética que durante la época de la Guerra Fría es más apariencia que realmente una superpotencia. No tenía un aparato económico industrial que le permitiera competir con el capitalismo de Estados Unidos o de Europa occidental, porque había mayormente un intercambio de productos. En los años 80 empiezan a surgir grandes problemas económicos y desempleo. La obsolescencia del aparato productivo soviético va a ayudar a Mijaíl Gorbachov (presidente de 1990 a 1991) a generar dos políticas para reformar la URSS: la glásnost (de transparencia) y la perestroika (económica).

Uno de los aspectos en que se puede notar esta apariencia, asegura, es en cuestiones militares y espaciales, pues tras el lanzamiento de la bomba atómica a Hiroshima y Nagasaki, se desata una carrera de misiles balísticos que conlleva a que en 1957 la URSS lance al espacio el satélite Sputnik. Pero a pesar de esta carrera y que pareciera que la Unión Soviética lleva la delantera, realmente sus misiles son más deficientes y costosos que los que empieza a fabricar Estados Unidos.

A partir de los años 80, varios factores provocan la desintegración de la URSS. Algunos de ellos fueron la situación económica con un aparato productivo obsoleto, su dependencia en la producción de petróleo y gas, la gerontocracia del régimen soviético (es decir, que el poder está en manos de personas de edad avanzada) y la invasión soviética a Afganistán (de 1978 a 1991). Aunque también la idea del nacionalismo es otro factor con gran influencia, ya que surgen movimientos nacionalistas en las repúblicas que conformaban la Unión Soviética y que quieren independizarse, como los Países Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

En diciembre de 1991 y tras la traición de Boris Yeltsin, quien fuera secretario del Partido Comunista de Rusia, él firma con los altos mandos de Ucrania y Bielorrusia un documento llamado Tratado de Bielorrusia o Tratado de Belavezha para desintegrar la URSS y generar 15 nuevos países. Tras este acontecimiento, la Unión Soviética adoptó el nombre de Federación Rusa o Rusia, como actualmente se le conoce. A partir de esa época, el país que comienza a despuntar para tomar el liderazgo es China, con quien la URSS había roto acuerdos en 1962.

¿El fantasma del comunismo?

En 1991 fue el fin de la URSS, la muerte de una utopía, pero no significó la extinción del comunismo, dada la supervivencia directa de su legado en China, Vietnam, o Cuba, e indirecta en regímenes de opresión y miseria (Venezuela, Nicaragua). Tampoco canceló la exigencia de seguir luchando contra la injusticia social.

Aunque el comunismo cayó en Rusia en 1991, y actualmente el Kremlin, con Vladímir Putin como presidente, es quien tiene el poder en aquel país que lleva el título de ser el más extenso del mundo, al parecer existe un patrón entre ellos y que además encaja con el de la época zarista.

Por ejemplo, en la época zarista se buscó modernizarse al estilo oriental para crear un gran imperio; y lo lograron en el siglo XIX. Este mismo patrón lo siguió Stalin al buscar que después de la Revolución rusa la Unión Soviética se convirtiera en un país desarrollado rápidamente tomando un modelo de desarrollo propio que le va a permitir lograrlo.

En la actual época de Putin también se tiene ese proyecto de verse como un país no occidental ni oriental, sino más bien buscar su propia ruta considerada como la vía eurasiática, la cual busca, a través de un sentimiento nacionalista, proteger los intereses nacionales para reposicionar a Rusia como potencia.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here